lunes, marzo 4, 2024

La venta de piñatas lucha por no desaparecer en medio de la Pandemia

Caminar por  los alrededores del Parque Colón, en la zona 1 de la capital, antes de la pandemia, era un  verdadero espectáculo, pues las piñaterías del lugar exhibían gran cantidad de piñatas con todo tipo de figuras de personajes populares. No se diga el días antes de la quema del diablo, en diciembre,  estas se teñían de rojo con las cantidades de decenas de diablos de todos los tamaños.

Con la disminución de las reuniones  sociales, los piñateros han visto caer sus ventas. Para sobrevivir, algunos artesanos han incorporado a su elenco de personajes al coronavirus.

Y entre la decenas de personajes de dibujos animados tradicionales, entre superhéroes y princesas de Disney con ojos grandes, hay una incorporación más reciente al elenco de piñatas en las piñaterías del parque Colón y otras de diferentes regiones del país: pintado de color verde limón , sus ojos amenazadores y pinchos que apuntan en todas direcciones, el coronavirus es una de las piñatas que más da risa. Los clientes han recibido con agrado la oportunidad de apalear la imagen de un adversario que ha causado estragos en la economía y provocado duelo a nivel mundial.

Los propietarios de las piñaterías, quienes también son los fabricantes de piñatas, con frecuencia son familias cuyo negocio se remonta a sus abuelos.  Como todos los negocios, se han visto seriamente afectados por las restricciones impuestas a las fiestas de cumpleaños y otras reuniones, celebraciones en las que romper las figuras llenas de dulces es una tradición, principalmente en las fiestas infantiles.

DOÑA OLGA DE PIÑATERIA PRINCESITAS OPINA QUE ESTÁ LEVANTANDO EL NEGOCIO POCO A POCO.

Doña Olga Díaz, propietaria de la Piñatería Princesitas, ubicada en la novena calle, cerca del parque Colón, que tiene más de diez años en el mercado, y es un negocio familiar, ya que su esposo y sus hijas son las fabricantes de las piñatas; nos informa que el negocio a partir de febrero y marzo de este año ha empezado a levantar.

Pero que durante el año pasado, peor durante los meses de marzo, abril y mayo, se vieron en la necesidad de cerrar. Pasando penas para subsistir, ya que su familia vive de la fabricación y venta de piñatas. Lo que hicieron fue empezar a fabricar piñatas pequeñas, para que la gente las comprara como juguetes para los niños, y a precios bastante cómodos. Cuando le preguntamos si se están vendiendo las piñatas de figura del coronavirus, nos dice que son las que más se venden, porque la gente quiere pegarles duro, para desquitarse del mal tiempo que les está haciendo pasar.

Para adaptarse a las necesidades ahora venden las piñatas a domicilio, contrataron un motorista que las va a entregar a las casas. Lo que sí es que la venta no ha regresado a los niveles anteriores a la pandemia. Ahora han reducido los tamaños, ya que también se han reducido los tamaños de las reuniones de cumpleaños. Doña Olga es optimista, al pensar que con la vacunación, las reuniones sociales donde se sigue la tradición de quebrar piñatas se incrementarán, y que el negocio prosperará.

HISTORIA DE LAS PIÑATAS EN GUATEMALA.

Esta tradición de quebrar piñatas en las fiestas se remonta hace más de 400 años, durante la época colonial. Así mismo, tienen una característica y es que se rellenan con golosinas y juguetes. Según datos históricos, el origen de la elaboración de piñatas fue en China. Esto debido a que eran elementos que formaban parte de una ceremonia. Dicho evento era principalmente para celebrar el inicio de la primavera, la cual se suscitaba en marzo.

Algunas de las primeras piñatas guatemaltecas de la época colonia eran hechas de barro o cerámica y con forma de vasijas. Este método era bastante visto, en un principio, en los pueblos de las áreas rurales. No obstante, con el paso de los años, las personas se fueron ideando tácticas más simples. Así mismo, esta costumbre se amplió en un sentido más cultural y con diferentes formas y colores.

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